Dicen que Piazzolla dijo que era “El peor de todos los tangos escritos jamás... lo más espantosamente pobre del mundo”, por mi parte tengo mis dudas que haya dicho eso porque…él la grabó! Creo que a don Astor le gustaba polemizar. Por empezar es un tango del que se habla en otros tangos: “Señora, pero hay que ver, tu berretín de matrona, si te acordás de Ramona, abonale el alquiler. No te hagás la rastacuer, desparramando la guita, baja el copete m'hijita con tu vida bacanada, pero si sos más manyada qu'el tango La Cumparsita” "Tortazos" (de Casaravilla, Maroni y Razzano) Es del año 1.917 y se compuso en Montevideo... Sí señor! Se trata de “La Cumparsita”
Quien sabe si supieras si supieras que aun dentro de mi alma conservo aquel cariño que tuve para ti quien sabe si superas que nunca te he olvidado volviendo a tu pasado te acordaras de mi los amigos ya no vienen ni siquiera a visitarme nadie quiere consolarme en mi afliccion desde el dia que te fuiste siento angustias en mi pecho deci que has hecho de mi pobre corazon al cuartito abandonado ya ni el sol de la mañana asoma como cuando estabas vos y aquel perrito compañero que por tu ausencia no comia al verme solo el otro dia tambien me dejo si supieras que aun dentro de mi alma conservo aquel cariño volviendo a tu pasado te acordaras de mi
Un viaje en subte es una experiencia de lo mas particular.... y digo particular por que uno esta acostumbrado a algunos tipos de transporte, por ejemplo en la mitad del mundo en la tierra chulla se tienen varias formas de desplazarse, caminando , en auto propio, en taxi, en un abarrotado bus de pasajeros tipo sardinas llamado ejecutivo, en ecovia, o en trolebus. En buenos aires la cosa es distinta uno toma bus (colectivo como lo llaman acá), trenes cuando hay que desplazarse mas lejos Cuando se habla del subte de Buenos Aires,uno piensa en esa extraña culebra que intenta descongestionar el tránsito, las quejas son siempre las mismas: "se viaja mal y caro, el estado de los coches es deplorable, el sistema de transporte público está colapsado, las tarifas no paran de subir pero el servicio no mejora..." La única excepción a esta regla es la Línea A: por las historias y anécdotas de sus vagones y estaciones, por su estilo pintoresco y antiguo, por sus luces tenues y aptas para películas de misterio, y por hacer un recorrido histórico desde la Plaza de Mayo hasta Flores. Este tramo, que hoy cuenta con más de diez kilómetros de longitud y transporta a diario a 190.000 personas, fue abierto al público el 1 de diciembre de 1913, hace casi un siglo, convirtiéndose en la primera línea de suburbano inaugurada en América Latina, y la que circula hoy con los vagones originales más antiguos. El motivo de su fundación se debió a la explosión demográfica que vivió años antes la capital argentina, cuya población se triplicó en la primera década del siglo XX, alcanzando casi un millón y medio de habitantes. Con esta inauguración, Buenos Aires se convertía así en la decimotercera ciudad del mundo en contar con este servicio, y la primera de todo el hemisferio sur.
Cuando arrancó el primer metro de esta línea celeste, los primeros 50 coches utilizados fueron cuatro ingleses 'United Electric' y 46 coches de fabricación belga 'La Brugeoise'. Éstos últimos aún se conservan y forman parte del encanto de este subterráneo. El pasajero que se sube en ellos siente que viaja a través del tiempo, entre luces entrecortadas y un movimiento oscilatorio más parecido a un barco que a un vagón. Este ambiente que toca lo siniestro y lo misterioso, hizo que la línea A fuese protagonista del film argentino de ciencia ficción 'Moebius' (de Gustavo R. Mosquera, 1996), donde uno de los vagones de la línea se desvanecía con todos sus pasajeros en el espacio y en el tiempo.
Las 14 estaciones originales de la línea A —ahora tiene 16— tenían recubiertas sus paredes con azulejos blancos decoradas con frisos de distintos colores, instalados en su momento para que la población, con un alto grado de analfabetismo, pudiera reconocer las estaciones. La estación 'Plaza de Mayo' era celeste, 'Perú' era de color crema, 'Piedras' era verde y así sucesivamente hasta la vieja estación 'Plaza Miserere', que también era celeste, color que ha conservado esta línea hasta la actualidad. En 1997, este tramo, junto a las estaciones originales de las líneas C, D y E, fueron declaradas Monumento Histórico Nacional por su valor testimonial.
En los años 80, se restauró la estación 'Perú', ubicada en el barrio porteño de Monserrat, con el fin de devolverle el aspecto original que lucía a principios del siglo XX. De esta forma, la estación volvió a tener el mismo tipo de iluminación, rejas, afiches publicitarios de aquella época (ya descoloridos). Incluso la boca de entrada a la estación conserva su aspecto original. Son estaciones congeladas en el tiempo convertidas en involuntarios museos de época.
Leyendas en el subte Como no podías ser menos, la misteriosa línea A ha dado pie a muchas leyendas urbanas que hablan de líneas secretas y estaciones fantasmas. Las paradas de Pasco y Alberti, que se encontraban a menos de 200 metros de proximidad, se cerraron en 1951. Hoy algunas historias hablan de que cuando en el recorrido se apaga la luz del vagón, se puede observar por las ventanas viajeros vestidos de época que esperan en una estación donde el tren nunca se detiene. También cuentan de que durante la construcción de una estación cercana a Pasco y Alberto, un derrumbe causó la muerte de varios obreros. Aunque se sabe que esa estación fue suspendida debido a una mala construcción que no permitía un ágil estacionamiento, muchos porteños esconden en su memoria una historia fantástica o divertida para contar sobre ese paraje. Según la leyenda, si viajas en el último subte de la línea A —el de las 23:30h— se puede ver a dos obreros sentados y con palas en la estación que quedó a medio construir. Ambos te siguen la mirada hasta que desaparece el tren. Da escalofríos.
Parte del dia a dia en la Argentina es tener que lidiar con obstrucciones de transito y perdida de tiempo, a causa de un fenomeno en aumento: LOS PIQUETES con la recomendacion de siempre : escuchar la musica y continuar con la lectura....
Los piqueteros comenzaron a aparecer a finales del siglo XX, en Argentina, y fueron grupos de personas que implementaron la modalidad de cortar las rutas principales en señal de protesta para lograr reivindicaciones sociales. El hecho en sí consiste en prender fuego a cubiertas viejas, colocar palos, miguelitos, escombros para impedir el avance de los vehículos por las rutas y de esa manera llamar la atención a las autoridades de turno. Por lo general no son muchos, veinte o treinta personas, incluído niños y mujeres. También hay de grupos mayores. Actualmente sigue esa modalidad en cualquier parte del país, pero no con la intensidad de la época del “que se vayan todos”, que fue en la caída del presidente De la Rúa a finales del 2001. Las mayorías de los piqueteros surgieron a raíz de la enorme desocupación que habían provocados las corruptas privatizaciones del neo-liberalismo liderado por Menem. Esos grupos de personas marginados y sin ninguna esperanza de sustentar sus hogares, hizo escuchar sus reclamos en todo el país. Cuando asumió transitoriamente Duhalde la presidencia, se implentaron los llamados “planes sociales”, donde se le hacía un ínfimo aporte a los ciudadanos indigentes de unos U$S 50, mensuales para que pudiera comer fideos y arroz, es un decir, pero, para otra cosas no les alcanzaba. Cuando asumió Néstor Kirchner en el 2003, se multiplicaron los planes sociales, con distintas denominaciones y hasta hubo que prestar contraprestación para obtenerlos, para evitar la “vagancia”, se dijo. Grandes colas de desocupados se podían ver esperando en los bancos para cobrar esa limosna. Ahora los piqueteros son una constante en el país, en éstos momentos puede haber uno en cualquier parte. En Argentina, siempre ocurrió de todo. Los piqueteros vinieron para quedarse. Las condiciones socioeconómicas son la causa principal del fenómeno y el camino de su solución: el deterioro acelerado de la calidad de vida de estos sectores, acostumbrados a tiempos mejores, crea un clima de alta frustración y protesta.Sin embargo, el fenómeno de los piqueteros se explica no sólo por el desempleo sino también por el clientelismo, por los errores de la política social, y por su utilización política. Podemos decir que los piqueteros son, en cierta medida, un subproducto de las malas prácticas de la política.En los últimos años estas organizaciones aumentaron a un ritmo de progresión geométrica. Pasaron de ser la expresión inorgánica de una protesta legítima, a movimientos más o menos organizados y con capacidad de acción política.
Esta amplia avenida de 140 metros de ancho es considerada una de las más anchas del mundo. Lleva su nombre en homenaje al día de la declaración de la independencia argentina. De sur a norte, conecta Plaza Constitución y el sur del Gran Buenos Aires con la Avenida Libertador, precisamente donde se destaca el edificio de la Embajada de Francia. El gobierno francés se habría opuesto a trasladar su embajada para la construcción de la avenida, y es por eso que el edificio resalta especialmente en el extremo norte. La apertura de la Avenida 9 de Julio demandó la demolición de las viviendas construidas en las parcelas comprendidas entre las calles Cerrito y Pellegrini, es decir, una cuadra completa, que equivale a unos 110 metros. Cerrito y Pellegrini se consideran parte de la Avenida 9 de Julio, lo que da un ancho total de 140 metros. Se requieren unos minutos para atravezarla ya que hay semáforos y el tránsito es muy intenso. Sólo los fines de semana la avenida presenta otro panorama, silenciosa y casi desierta, cuando los porteños permanecen en casa o han salido de la ciudad. La idea de abrir esta gran arteria surgió en 1911, en un momento cuando abundaban las ideas innovadoras en la ciudad, tras la visita del urbanista francés Bouvard, y luego de numerosas protestas, juicios y desalojos, en 1937 comenzaron las obras de demolición y construcción de la avenida. En la Avenida 9 de Julio se destacan el Teatro Colón -su fachada este-, el edificio del Ministerio de Desarrollo Social en la intersección con calle Moreno -el único ubicado en medio de la avenida-, una estatua de Don Quijote, en el cruce con la Avenida de Mayo y, por supuesto, el famoso Obelisco. A la altura de calle Corrientes y en intersección con la diagonal Norte se encuentra la Plaza de la República, cuyo centro ocupa el Obelisco, característica de la avenida 9 de Julio y de la ciudad. Es una estructura de hormigón hueco de 67 metros de altura, obra del arquitecto Alberto Prebisch, que fue inaugurado en 1936 en conmemoración del cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires (ver historia). Entonces fue muy criticado, al punto que se pensó en demolerlo, porque se lo suponía un elemento poco estético y de evidentes connotaciones freudianas... Hoy es un símbolo de Buenos Aires, y nadie podría imaginar la Avenida 9 de Julio sin el Obelisco.